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P-Day

P-Day
Cananore (Kannur), estado de Kerala, 9 al 15 de octubre
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| Listo para bailar el pasito perrón |
Nos untamos en las sienes el ungüento que María ha comprado para evitar cualquier malestar. Ante la falta de limón para evitar las náuseas, nos metemos a la boca un pedazo de Amla. Lo masticamos y escupimos. El estómago debe de estar totalmente vacío. Además de un comprimido, me sirvo cinco cucharaditas del aceite preparado. Ella solo cuatro, sin pastilla. Ni siquiera percibo el sabor que ella había descrito como nauseabundo. Prepara un poco de arroz para después y nos sentamos a esperar. Aunque afirma que comienza a sentir algo, es aún demasiado pronto.
Mi tratamiento terminará a la próxima semana. Voy a extrañar las manos de Samit sobre mi cuerpo aplicando aceite todas las mañanas. El Abhyanga tiene como objetivo que lubrique el cuerpo y absorba los medicamentos dentro del aceite. El sánscrito es la lengua de la ciencia y de la religión en India, como el latín en occidente.
Siento que si las bolsas con yerbas pasaran un momento más sobre mi piel, me quemaría el aceite hirviendo, pero pasan tan rápido sobre mi cuerpo que no dejan ningún rastro. Su forma me recuerda el peteca que promocionaba Pelé. Ademas del khiti, en días alternativos dejan fluir un chorro de aceite tibio sobre mi cabeza. El shidorodhara estimula las glándulas de la cabeza y resulta realmente relajante. Para la ayurveda la última etapa de la vida está regulada por Vata, una energía fría y seca, por lo que desde que nacemos comienza ese proceso en que nos vamos marchitando hasta la vejez, y los tratamientos que incluyen leche, ghee o aceite buscan compensar esa sequedad.
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| Hibiscus. La flor de Jamaica |
Listo el arroz nos preguntamos nuevamente si ya actuó la sustancia. Ese nerviosismo trae a mi mente las épocas de los antros en que nos preguntábamos una y otra vez: ¿ya te pegó? Ya siento algo de sus efectos. María, seguidora del Hara Krishna, se va a la terraza a rezar y yo a mi habitación a meditar; registro la hora en que ingerí la sustancia y la cantidad. Esta noche comienzan los nueve días del Patrivi. Espero tener energía para asistir al festival de Lakshimi en alguno de los templos.
Los lugares y las cosas a mi alrededor comienzan a volverse familiares. Ya no me causa stress los bocinazos por todas partes. No hay agresividad en ello. Esas calles, antes infranqueables, las atravieso con seguridad. Dentro de esa entropía que me parecía sólo caos, hay más equilibrio que en nuestras ciudades llenas de leyes que todos buscan las formas de romper. En cambio aquí, la única ley que rige es la del karma. Nadie dobla los espejos de los autos como hacen en las ciudades europeas para protegerlos, en cambio aquí, a pesar de que todo el tiempo parece que van a chocar, los vehículos no tienen ni un rasguño.
Después de la visita al jardín, mi energía Vata comienza a ponerme inquieto y no me conformó con la tranquilidad de la playa frente a nosotros. Quiero visitar algo más pero mi iphone se ha puesto temperamental y sólo un par de horas después hasta que me he tranquilizado, se conecta a la red y consigo un auto. Razid avanza sobre el camino de terracería más allá de lo recomendable y luego tengo que seguir a pie. Encuentro el punto que marca Google Maps como el santuario de aves de Muvedi. Frente a mi un lago y del otro lado más agua, de un lado la terracería y más allá algunas casas. Nada más. Decido que sólo me queda esperar allí el atardecer. Cuando pasan dos hombres intentó preguntarles pero sólo sonríen y agitan la cabeza en esa forma peculiar de la India que aunque es de aceptación a momentos nos parece de negación. En esos
momentos un hombre sale de la casa en construcción a la orilla del río y me invia a pasar. Coloca una silla a la orilla del agua y hasta corta un coco para mí. Sin dudarlo acepto su amabilidad y sólo me pide permiso para tomarme una foto: con mi australiano debo parecerle exótico. Al atardecer comienzan a cruzar sobre nosotros alargadas formaciones de aves en V. Me faltan los binoculares, eso y un kajak para acercarme más a los árboles del otro lado de la laguna donde seguramente anidarán. Las formación son grandes líneas danzantes en el aire, una especie de aurora boreal aviar.
María me comenta por mensaje que ha tenido que aumentar dos veces la dosis todavía sin ningún resultado aparente. En cambio yo ya he comenzado con los efectos del proceso de desintoxicación llamado virechana, la purga.
Archivo fotográfico






