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Todos somos Ayotzinapa

Fotografía de Todos somos Ayotzinapa
Todos somos Ayotzinapa excepto Peña
Hace dos años, escribía esperanzado sobre el movimiento estudiantil que había despertado la visita del entonces candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, a la Univerisdad Iberoamericana (elitista universidad jesuita) cuando, tratando de desacreditar los reclamos que había recibido durante su visita por la represión como gobernador del estado de México en contra de campesinos), las dos principales televisoras que le daban todo su apoyo, afirmaron que la rechifla que lo habia obligado a refugiarse en un baño y a huir por la puerta trasera, había sido causada por infiltrados a la universidad. Gracias a los actuales medios de comunicación donde poco se queda oculto para la red y por lo tanto para la “elite” de este país que tiene acceso a ella, 131 estudiantes subirían un video donde mostrando su credencial de la universidad legitimaban sus reclamos al candidato. De allí surgiría el movimiento #yosoy132, aludiendo a todos los que nos sumábamos como el miembro 132 de ese movimiento que legitimaba el reclamo ante el manejo parcial de la información que hacían las televisoras, y como repudio al PRI y a su candidato. En ese entonces se hablaría de la primavera mexicana en alusión a los movimientos que habían surgido en los países árabes.
http://deutschlango.blogspot.mx/2012/05/yo-soy-132-la-primavera-mexicana.html
A partir de allí se integrarían otras unviersidad pero poco nos duraría la esperanza de este aunténtico movimiento. Antonio Atollini, uno de los miembros más visibles de #yosoy132 sería contratado por Televisa y él, ante esta contradicción en su proceder, se justificaría afirmando que buscaba cambiar las cosas desde dentro.
Desde antes de la toma de posesión, el PRI renacía como el ave Fenix pues comenzaron las reformas, primero la reforma laboral y aunque algunos senadores de oposición pugnaban por que se permitiera auditar a los sindicatos (hasta el día de hoy pueden hacer lo que quieran con sus millonarios recursos muchos de ellos proporcionados por el gobierno sin que nadie ajeno al sindicato totalmente controlado por sus líderes pueda auditarlos), el PRI con el apoyo del PAN y el Partido Verde, bloquearía ese cambio y con ello garantizaría la lealtad de los líderes sindicales.
http://deutschlango.blogspot.mx/2012/12/el-pri-esta-de-vuelta.html
Ante la inminente toma de poder después del triunfo de Peña Nieto que estuvo plagado de escándalos y corrupción (un partido de oposición demostraría la compra de votos vía tarjetas de despensa entre otros muchos escándalos pero el tribunal federal electoral desecharía la acusación), se había convocado para una megamarcha de protesta para el día de la toma de posesión. Desde días antes, las “fuerzas del orden” convirtieron el Palacio Legislativo donde se llevaría a cabo la el vento, en un bunker rodéandolo de grandes vallas de acero y juntando a las policias antimotines de la ciudad y Federales.
Quedará marcada la toma de posesión del priista pues ese día la policia arremetío con violencia en contra los manifestantes cometiendo todo tipo de atropellos y deteniendo a cuanta persona pudo con tal de desalentar la protesta social (por ejemplo una mujer que pasaba cerca de allí con su esposo y sus hijos fue detenida). Lamentablemente el gobierno del Distrito Federal, bastión de la supuesta izquierda mexicana y  fuerza antagonista del PRI, apoyaría la represesión además de que aprobarían una ley en la que cualquier disturbio causado por pandillas ameritaría hasta 50% más en la pena, entendiéndose por pandilla, la participación de al menos tres personas, por lo que en cualquier manifestación pública se podría acusar a sus participantes de pandilleros.
http://deutschlango.blogspot.mx/2012/11/mexico-para-principiantes-viva-la-buena.html
http://deutschlango.blogspot.mx/2012/12/1-de-diciembre-no-se-olvida.html
Aunque la represion que caracterizó la toma de posesión de Enrique Peña Nieto pareció haber dado resultado, el movimiento #yosoy132 sentaría las bases de las actuales protestas sociales en México desatadas por el crimen, hace más de dos meses, contra 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” localizada en Ayotzinapa, Guerrero (cabe mencionar que de esa misma escuela surgirían guerrilleros como Lucio Cabañas) quienes habían tomado unos autobuses para protestar contra la posible candidatura sucesoria de la esposa del presidente municipal de Iguala, Guerrero que ese día conducía un mitín político. Los estudiantes fueron detenidos por policias municipales y luego entregados al cartel de los zetas que domina el estado y cuyos nexos con el presidente municipal y su esposa eran muy conocidos en la región. Una vez que se supo de la desaparición, el gobierno federal se negó a actuar pese a que se ponía de manifiesto que el crimen organizado dominaba ya ciertos níveles de gobierno. Finalmente ante la presión de la opinión pública, el gobierno federal se vio obligado a actuar y el gobernador a renunciar. El presidente municipal en fuga y su esposa fueron capturados más de un mes después y hasta ahora se han negado a declarar, cosa extraña en este país donde hasta se logra hacer hablar a las piedras, y si no, pues se inventan las declaraciones.
La desaparición de los estudiantes, considerada por todos un crimen de estado, demuestra la corrupción que existe a todos los niveles del gobierno y ha servido para dar nombre y rostro a los miles de desaparecidos pues en la busqueda de los estudiantes se descubrieron muchas fosas clandestinas y cientos de cadáveres. Este hecho depertó el interés sobre México de la opinión pública mundial pues el gobierno de Peña había organizado antes una campaña a favor de su persona. El Time titularía la portada con la foto de Peña como “saving Mexico”. La violencia ni la corrupción no se había reducido en México, sólo se ocultaba la información.
Desde la desaparición de los estudiantes se han suscitado muchas protestas, en general pacíficas, pero en una de ellas un grupo intentó quemar la puerta de Palacio Nacional.
El día 20 de Noviembre se realizó a una mega marcha para protestar contra la violencia y la corrupción e incluso para pedir la renuncia de Enrique Peña Nieto y se quemó una efigie de éste en el Zócalo, la principal plaza de la ciudad.  Participaron cientos de miles de personas pero, como en la toma de posesión del presidente, las fuerzas antimotines federales y del Distrito Federal a la señal de una bengala como durante la matanza del 68, arremetieron con saña contra los manifestantes y detuvieron aleatoriamente once personas que sin que prevaleciera la presunción de inocencia, torturaron y enviaron a los penales de máxima seguridad acusados de motín, terrorismo, delicuencia organizada e intento de homicidio.  Gracias a las redes sociales se ha desplegado información que muestra a miembros del ejercito vestidos de civil actuando durante la marcha. Afortunadamente los detenidos ya han sido liberados y ojalá que de ellos surjan los líderes que tanta falta nos hacen. Las marchas no han parado y tampoco los infiltrados y la violencia policial. Es como si existiera una total dicotomía entre el gobierno y los gobernados y fueran fuerzas totalmente antagonistas.
El jefe de la policia del Distrito Federal, quien tuvo que renunciar semanas después por las detenciones arbitrarias, declararía que felicitaba a su “personal por el trabajo demostrado, por el gran valor, gallardía, responsabilidad y sobre todo restablecieron el orden público le guste a quien le guste”.
Peña, tratándo de mejorar su imagen, declararía , usando uno de los slogans de las marchas que “todos somos Ayotzinapa”, depués los padres de los desaparecidos declararían que todos lo somos menos Peña.
Hace unos días el secretario de la Defensa Nacional y el de Marina se pronunciarían diciendo que los padres de los 43 normalistas desaparecidos estaban siendo manipulados. No aclararían exactamente con quñe finalidad, pues ellos sólo demandan el esclarecimiento de la desaparición de sus hijos.
Tampoco la conducción del gobierno ha ayudado a mejorar el clima de confianza, pues lo que va de la administración de Peña va manchado de escándalos. A raíz de que la esposa de Peña, la exactriz Gabriela Rivera posara para una revista de sociedad en una gigantesca mansión en una de las zonas más caras de México y afirmara que allí vivirían al finalizar el gobierno de su marido, se descubrío que esa casa de un valor cercano a los 9 Millones de USD que no había sido incluida en la declaración patrimonial de Peña había sido financiada por la constructora más favorecida en el Estado de México durante su gestión como gobernador y que ahora realiza proyectos a nivel federal. Publicamente declaro Rivera, en una de sus peores actuaciones pues se le nota enojada y se expresa en tono de reproche, que la casa habia sido finaciada por la constructora pero que ella la estaba pagando y al final dijo que iba a renunciar a ella. Esa misma constructora de la casa presidencial había recientemente participado junto con un gigantesco consorcio chino en una licitación para la construcción de un tren de alta velocidad donde habían sido los únicos postores pues los otros 16 oferentes se habían excusado de participar por que no les habian otorgado el plazo necesario para preparar una oferta tan complicada como esa. Finalmente se canceló el fallo de la licitación pero el gobierno tendrá que pagar los costos en que haya incurrido el consorcio ganador. Posteriormente se descubriría que el empresario en cuestión había prestado otra casa al entonces candidato y le había facilitado aviones para sus traslados. El Wall Street Journal publicaría también información sobre otra casa “financiada” por el mismo grupo ahora a favor del ministro de finanzas, que aunque él declara que todo está legalmente sustentado habría que cuestionarse sobre todo la legitimidad y conflicto de intereses de estos “financiamientos”.

Aunque haya quienes no particpen en marchas y consideren que la violencia no afecta a la “gente decente”, el clima de indignación ante tantos casos de corrupción, abusos y violencia sigue creciendo y el gobierno federal pareciera un antagonista más del pueblo al cuál lo único que le importa es la opinión internacional.